SI LO QUE VAS A DECIR NO ES MÁS BELLO QUE EL SILENCIO…

 

📖 Artículo escrito y revisado por la pedagoga Sara Brito Padilla

Hay palabras que nos acercan y otras nos alejan. Algunas, incluso, nos desconectan de nosotros mismos, cegándonos en la incomprensión y castigo propio

“¿Cuántas veces tengo que repetirte que no quiero que hagas esto? ¿Eres un niño pequeño? ¡Deja de quejarte! ¿Cuándo vas a aprender a comportarte como debes?”

Estas expresiones, lejos de ayudar al desarrollo y mejora del otro, favorecen su desaliento, la lejanía y rechazo hacia quien las dice. Si queremos que nuestros niños, amigos, familiares, parejas... mejoren su vida, lo primero que debemos conseguir es conectar con ellos, hacerles sentir que les apoyamos y les ayudaremos a superar los errores. 

“¿Qué podemos hacer para conseguir que esto salga mejor?; ¿Te encuentras mal? ¿Quieres que hablemos y busquemos soluciones?; Tengo algunas ideas que te pueden ayudar a organizarte mejor”; ¿se te ocurren ideas para que no suceda esto en el futuro?”

Los primeros enunciados forman parte de un repertorio aprendido de frases que utilizamos cuando queremos que las otras personas reaccionen, sin embargo, lejos de ayudar generan sentimientos negativos y perjudican al otro. Hacer sentir mal a otra persona (muchas veces, inconscientemente) no va a provocar ningún cambio positivo en su comportamiento. Por el contrario, el apoyo en la búsqueda de soluciones, mediante reflexión conjunta, puede convertirse en un proceso enriquecedor para ambas partes.

Nuestra vida de adultos, muchas veces, no está diseñada para atender a las necesidades de nuestros hijos/alumnos/amigos/parejas. Tenemos una gran demanda de tareas, rutinas y deberes que cumplir, y el tiempo para reflexionar, dialogar, compartir...muchas veces se limita o es inexistente. 

Parémonos un momento. La vida lo vale. 

¿Cómo mejorar la comunicación? ¿Cómo eliminar las barreras que nos alejan?

Stephen Glenn describe algunas barreras que dificultan la comunicación:

1. Asumir lo que piensan y sienten los otros en lugar de preguntarles.
2. Anticiparnos a la equivocación y dar una explicación de lo que es correcto.
3. Dar órdenes o indicaciones, en lugar de ayudar a buscar las soluciones.
4. Crear expectativas sobre los otros y mostrar decepción cuando no se cumplen.

La comunicación no se centra exclusivamente en las palabras que utilizamos, sino en las creencias, expectativas y deseos de control del otro. 

Cuando estos deseos se convierten en ayuda sincera y en interés real por cómo se encuentran los demás, la comunicación va en consonancia con nuestros pensamientos y sentimientos. 

Algo parecido ocurre cuando escuchamos. En ocasiones, nos centramos en escuchar para responder y no permitimos que sean las otras personas las que con su propio razonamiento, encuentren la solución. 

Escuchar activamente supone hacer un esfuerzo consciente por entender y empatizar con el mensaje del otro, sin juzgar, interrumpir, corregir...implica validar los sentimientos del interlocutor y centrarnos en él. 

El hecho de hablar y ser escuchado se convierte en un proceso sanador que nos ayuda a encontrarnos a nosotros mismos. 

Conectar visualmente; no distraernos; asentir; sonreír; reforzar; preguntar para evitar interpretar; parafrasear lo que el otro nos ha contado; y validar sus sentimientos son estrategias clave para la escucha activa que favorecen la comunicación y la conexión. 

En la comunicación hay momentos para la escucha, momentos para el diálogo y momentos para el silencio. Las habilidades comunicativas dependerán de la capacidad de identificar estos momentos y aplicar estrategias adecuadas. 

La comunicación asertiva se basa en escuchar puntos de vista contrarios al nuestro y tener la capacidad de defender lo que pensamos desde una perspectiva tolerante, flexible y respetuosa. El hecho de comprender al otro no está reñido con el establecimiento de unos límites. Defender nuestro punto de vista sin herir al otro es la clave para establecer relaciones positivas. 

Imágenes bajo licencia Creative Commons

Sara Brito Padilla
Educadora Certificada en Disciplina Positiva  en el Aula (CPDCE) por la Positive Discipline Association EE.UU.
Licenciada en Pedagogía y profesora de Enseñanza Secundaria. 






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